★ Relámpago

—Mi nombre es Relámpago —dijo el enano mirando a Eva a los ojos—. Si mis cálculos no fallan tenemos poco tiempo.—añadió acercando a su oreja el reloj que tenía en la muñeca derecha golpeándolo con el dedo índice.

Eva aterrada lo miraba sin parpadear. El enano, que hacía solo 5 minutos había sido una simple ardilla, tenía una barba espesa y oscura, vestía un enterizo verde oliva de manga corta, llevaba una mochila roja colgada en la espalda y lucía una gorra de los Rolling Stones en la cabeza. Actuaba como si la conociera desde siempre.

Relámpago se acercó a ella y dando un pequeño salto se sentó al su lado en el sillón.

—¿Me escuchas? —le preguntó poniendo la mano sobre el muslo de ella—, necesito saber que me escuchas.

Eva miró la mano del enano, luego su brazo tatuado con dos llaves en forma de cruz, y subió lentamente pasando por su barba hasta llegar a los ojos que estaban medio escondidos bajo la visera de la gorra. Temerosa asintió con la cabeza.

—Te hemos estado siguiendo de cerca por mucho tiempo, —le dijo el enano mirándola  con dulzura—, te recuerdo desde el día que perdiste tu voz.

Eva se transportó a cuando tenía 7 años y sus ojos se pusieron tristes. Relámpago dio un par de golpecitos en el muslo de ella con el ánimo de consolarla.

—El portal de las sombras se ha abierto solo para ti, pero ¡eso tú ya lo sabes! —dijo señalando la pared llena de sombras frente a ellos—. No puedes seguir ignorándolo. —Miró su reloj, se lo señaló a Eva, tomó impulso con sus dos manos apoyadas en el sillón y se bajó con un salto.

Al caer, la tierra se estremeció.

La luz desapareció.

Se hizo un silencio penetrante.

.

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La negrura reinó.

.

.

Un fuerte trueno sacudió el espacio.

Una pequeña mano tomo la de Eva invitándola a levantarse del sillón.

Otro trueno azotó el espacio.

Eva cayó de rodillas.

Un relámpago iluminó la habitación y vio frente a ella los ojos de su hija perdida.

La negrura profunda volvió.

La voz de Relámpago se escuchó de nuevo, pero esta vez dentro de la cabeza de Eva: “Perderás todo, tu vida como la conoces la olvidarás, pero eso que añora tu corazón con ternura podrá volver a ti”. De repente una tormenta se desató dentro de la sala, las ráfagas de agua helada bañaban a Eva mientras los truenos y los relámpagos golpeaban su corazón. “En la ciudad de las sombras te espera el gato, lo reconocerás por su mirada, pues su forma ya no será la misma”.

—¿Estás dispuesta a olvidarlo todo? —le preguntó Relámpago bajo la lluvia mientras la tomaba de la mano, Eva empapada y temblando, un poco por frío un poco por pánico, asintió otra vez.

Relámpago le entregó la mochila roja.

—No la abras hasta llegar al bosque de lágrimas —le advirtió.

Eva se puso de pie, dio una última mirada a su sala atormentada, a la vida que hasta ahora había tenido, abrazó con fuerza la mochila roja y se dejó consumir por las sombras.

—¿Recuerdas el nombre de tu hija? —escuchó Eva a Relámpago preguntarle ya desde la lejanía—. Entonces sintió que una parte de ella desaparecía.

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