Jamás

Al final del mundo hay un acantilado llamado Jamás, un lugar donde van a olvidarse los que han perdido por completo la esperanza. Jamás ruge con todas sus fuerzas cuando alguien se acerca, llama a las almas desilusionadas a perderse en él y las atrapa para siempre.

Fernando un martes por la tarde, después de enterrar a su perro, partió en dirección a dicho accidente geográfico sobre la última costa del mundo.

Se llevó consigo lo último que le importaba: El poema “Gratitud” de Girondo , arrancado del libro y doblado en un bolsillo y su bicicleta Pinarello. Se fue acompañado por Alexis Ffrench en los audífonos. Pedaleó en contra de la melancolía que lo invadía. Pedaleó hasta llegar Al Fin un viernes por la tarde.

Un sol rojo bien dibujado sobre el cielo lo recibió. La luz rosa que llenaba el lugar lo abrazó de bienvenida y el rugido de Jamás lo envolvió.

Fernando se sentó en el borde del abismo y saludó al acantilado con una pequeña venia con la cabeza.

—¡Juuuushhhhh Pbraaaaashhhh Ishhhhhhh! —contestó Jamás mientras estiraba sus olas para acariciarle la cara con algunas de sus gotas.

Fernando saboreó las lágrimas de Jamás. —¿Estas triste? —preguntó.

Entre los sonidos de golpes y olas a Fernando le pareció escuchar una voz femenina. Cerró los ojos para aguzar el oído.

Entre tanto el sol rojo se apagó en el océano. La luna y las estrellas salieron a brillar.

El frío lo hizo volver en si mismo y al abrir los ojos lo descubrió sentado junto a él. Era el espíritu de Jamás, un fantasma hecho de éter.

—Juishhhh brashhh urshhhhhh  —susurró Jamás en el idioma del océano.

Fernando empezó a llorar desconsolado. Sus lágrimas, arrancadas de su cara por el viento, fueron devoradas por Jamás. Entonces el acantilado empezó a llorar encima de Fernando y el cielo conmovido disparó rayos.

Fernando se puso de pie, sacó el papelito de su bolsillo y leyó en voz alta:

—Gracias piedra. Muchas gracias por todo… —y luego se lo entregó al viento.

Miró a Jamás que era de nuevo un accidente, se limpió las lágrimas y lleno de esperanza miró a su compañera de dos ruedas.

Y así siguiendo los consejos de un fantasma, Fernando tiró su bicicleta por el acantilado.

2 comentarios en “Jamás

    • Bambi dijo:

      Parte de un ejercicio muy interesante que es escribir desde el final. La propuesta era escribir una historia que terminara textualmente así: “Y así siguiendo los consejos de un fantasma, Fernando tiró su bicicleta por el acantilado.”

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