La Rosa Náutica

Al medio día llegarás al viejo muelle. Con el continente a tus espalda y el infinito al frente; a tu derecha verás una edificación maltrecha, ese es el restaurante La Rosa Náutica, que suspendido en vigas de madera se balancea sobre el Pacífico. Con sus consumidas paredes blancas, su techo azul celeste desgastado, y todas las ventanas rotas, estará listo para recibirte.

Lloverá pero no agua, del cielo caerá ceniza y será tu única compañía, pues deberás ir completamente solo.

Escucharás las olas reventar contra el muelle, lo sentirás temblar, el viento te empujará con fuerza y oirás los gruñidos que te asecharán esta vez desde el continente. Tu cuerpo temblará, pero te compondrás pronto, no tendrás tiempo que perder. 

Aguzarás el oído pues alguien te llamara por tu nombre desde adentro. El viento se pondrá en tu contra y el edificio empezará a despertar. Deberás llegar a su puerta de vidrio antes de que sus vigas se conviertan en patas articuladas de araña y eche a andar mar adentro. 

Ahora tendrás las bestias bufando a tus espaldas. Olerás sus cuerpos húmedos y sentirás su aliento en el cuello. Correrás como nunca antes lo has hecho, la vida de tu hija dependerá de eso. Resbalarás con los vidrios tirados en el suelo, te cortarás, pero llegarás a tiempo, no habrá otra oportunidad para salvarla. 

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