Polvo

Empieza a caer la tarde del tercer día desde que Augusto salió apurado. Las sombras de los cables del alumbrado público que se dibujan en la pared de la sala cada noche, empiezan a aparecer. Augusto aun no regresa. El Philodendron ha muerto, el gato negro mordisqueó todas sus hojas y parece que su saliva le absorbió la vida. La otra planta la Alocasia, se debate entre la vida y la muerte por culpa de una plaga.

Eva se niega a desechar su planta muerta. Eva se niega a desechar al gato. La riega todos los días con aceite de Neem. Imagina abandonarlo a su propia suerte en un parque lejos de allí.

Escucha de manera insistente la versión de Clair de Lune que interpreta majestuosamente el Sr Caruso  con su acordeón. Hace que la tristeza se transforme en melancolía y la melancolía en esperanza. Hace tres días que no sale de allí. Hace tres días que convive con las sombras.

Se sienta en su sala a ver la Alocasia que se debate junto a la ventana, observa esos pequeños bichitos blancos que la cubren. Cada mañana los limpia de sus hojas pero al llegar las sombras ya están allí de nuevo. Cada día son mas, cada día se ven más grandes.

Eva ha cambiado el Chardonnay por infusiones de raíz de valeriana. Esta noche, mira a través de la ventana, en compañía de sus plantas y de su taza, la luna que brilla de manera extraña ­–no es usual ver la luna en el cielo Limeño cuando no es verano–.

¡Brrr Brrr!

Brrr Brrr Brrr

Una polilla se ha quedado atrapada en la lámpara que cuelga del techo de la sala y su aletear resuena fuertemente. Justo se termina la última repetición de Clair de Lune.

Brrr Brrr Brrr

La Alocasia se estremece y vibra. La planta tiembla. Eva se paraliza.

¡Brrr Brrr!

Todos los huevos blancos de la planta se transforman en pequeñas polillas que tras aletear un par de veces ya se han vuelto adultas. El estruendo del aletear es ensordecedor. La Alocasia muere. Una legión de polillas cubre por completo la ventana. Vuelve el silencio, vuelve la tristeza. Desaparecen las sombras.

.

.

¡Toc toc!

.

¡Toc toc! se escucha de nuevo. Alguien golpea la ventana junto a la muerta Alocasia. —Alguien golpea la ventana de un apartamento que queda en un cuarto piso—. La curiosidad puede mas que el temor y Eva arrastra lentamente la ventana por su riel hacia el lado derecho. De pronto se cuela una pequeña ardilla. Se sienta en medio de la sala y se queda mirando a Eva que está sentada en el sofá agarrándose de su taza como si fuera una cuerda que impidiera que cayera al vacío. La ardilla eleva sus dos patas delanteras como si fuera un director de orquesta, las polillas levantan vuelo de nuevo desprendiendo un polvillo de sus alas, que como nevada, deja todo cubierto. Las polillas salen y se pierden en el cielo de la noche.

La Alocasia y el Philodendron se sacuden el polvillo y empiezan a florecer. La ardilla mira hacia la pared de las sombras que han vuelto.

En esas entra el gato negro que hace una pequeña reverencia a la ardilla, agita su cola levantando el  polvillo que ha caído al piso y en medio de la nube de polvo la ardilla se transforma en un enano. Mira a Eva y dice: —No tenemos mucho tiempo, el portal se cerrará pronto—. El gato da un salto hacia la pared y desaparece entre las sombras que allí se proyectan.

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