Adiós a Lalita

Querida Victoria:

Antes de que tú llegaras a mi vida tuve la fortuna de tener una maravillosa compañía que me dejó a los pocos meses de tu llegada a la tierra, quisiera contarte sobre ella:

Sin muchas intenciones o ganas de hablarte ahora sobre mi pasado, puedo decirte en pocas palabras que soy una de esas personas que pasó por una extendida y dolorosa adolescencia, que pasé mucho tiempo de mi vida buscando lo que no se me había perdido y que hubo una larga época en la que navegué, mejor sería decir naufragué, en el mar de la tristeza.

Mi camino hacia la luz fue muy largo, y como esta carta no se trata de hablarte de auto superación, solo voy a decirte que se consolidó con dos elementos que le dieron en es época sentido a mi vida: Himallineishon (mi proyecto artístico) y mi perrita Lalaina Pofines Pepitas.

Himallineishon se convirtió en esa herramienta que me daba un que hacer y grandes satisfacciones y Lalaina en mi verdadera primera amiga, digamos que si uno tuviera un músculo de la felicidad ella era el mío.

Recuerdo que esa bolita blanca con pepitas negras llegó por sorpresa justo cuando estaba empezando a trabajar en Himallineishon, mis primeras palabras fueron “Es divina, pero no la puedo tener en mi vida”. Pero eso no era una cuestión de decisión, el universo me la estaba regalando y como todos saben, al menos los que creemos en esto, es imposible negarse a cualquier deseo de él, porque éstos son solamente lo que hemos pedido de corazón.

Los primeros meses fueron muy difíciles, además de haber pasado por una parvovirosis (una enfermedad altamente mortal para los perritos) ella no sabia cómo tener un humano, y yo menos cómo tener un perrito. Todos los días madrugábamos a las 5:30am para ir a encontrarnos en el parque con nuestro amigo Mauricio quien nos prometió que si seguíamos unas pocas reglas podríamos llegar a convertirnos en mejores amigas y así fue…

Fundamentalmente aprendimos a pasear juntas, ella me invitaba al parque tres veces al día, y aunque a veces me daba un poquito de pereza, siempre iba y siempre salía recompensada pues caminar bajo el sol juntas se convirtió en mi mejor terapia para la felicidad. Debo decir que para mí nunca existió la idea de “pasear el perro” siempre fue “pasear con mi perro” (y por supuesto para ella “…con su humano”)

Aprendimos a montar en bus juntas, anduvimos en bici, moto; me acompañó a conferencias, fiestas, inauguraciones, supermercados, muchas veces de incógnito. Bailamos, nos inventamos juegos, nos entrenamos la una a la otra para ser una pareja perfecta; en las mañanas solíamos leer una reflexión del día bajo un árbol y mientras meditábamos nos sentábamos espalda con espalda para sentirnos protegidas. Y es que ese era el verdadero sentimiento que yo tenía: Que ella me protegía, mas que todo de mi misma.

En su camino por mi vida se llevó la tristeza y me regaló… Creo que es imposible describir todos los regalos que me dio… pero podría decir que el mejor momento de todos y cada uno de mis días junto a ella, era cuando en la mañana al despertar se acurrucaba al lado mío a resoplar, esos minutos de pereza juntas me regalaban la energía suficiente para el resto de mi día.

Se fue un Miércoles por la tarde, casi tan repentinamente como había llegado hacía 7 años, aun no puedo contener las lágrimas al recordar que ya no está, y tal vez nunca lo haré. Pero me dejó en la mejor compañía, junto a ti mi querida hija.

2 comentarios en “Adiós a Lalita

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