Mi trabajo de madre

A propósito de una conversación hice esta reflexión, espero que la persona con quien tuve el diálogo no se sienta mal al respecto, solo me hizo pensar…

Cuántas veces, las mamás que decidimos quedarnos en casa cerca de nuestros hijos, habremos oído: “Me encantaría tener tu trabajo! Te quedas en casa todo el día, no tienes jefes ni equipos a quienes responderles, te puedes quedar en pijama, es mas, ni siquiera tienes que bañarte!”

Yo lo he escuchado varias veces, en unas ocaciones no me lo tomo personal, pero hay otras en que debo aceptar que me hierve la sangre. Claramente sólo ven un lado de la situación, es mas, ni siquiera un lado, solo un pequeñísimo pedazo de lo que realmente es y significa este trabajo.

Y por eso he querido hacer un pequeño resumen de mis días desde que soy madre, no para demostrar el grave sufrimiento que vivimos con todo el trabajo que tenemos, si no para dejar ver que no se trata de una seguidilla de Domingos en pijama.

Para comenzar hay que dejar claro que este trabajo tiene unos horarios mas estrictos de lo que podría tener cualquier otro, pues a pesar de poder haber terminado la jornada anterior muy entrada la noche, o habiendo tenido que atender una emergencia en la madrugada, la hora de entrada siempre es la misma, sin falta, de Domingo a Domingo, en mi caso las seis de la mañana.

Continúo hablando del esfuerzo físico, y no me refiero solamente a tener cargado un pequeño gremlin en los brazos todo el día (y aprender a hacer toda clase de malabares para hacer otras cosas con él encima), si no también al esfuerzo que deben poner tus tetas, pues a pesar de que duelan, sangren o se hinchen hay que ponerlas en marcha y sin excusa por lo menos 5 o 6 veces en el día.

Mi pequeña ya tiene 6 meses, lo que significa que está empezando a comer sólidos (antes tenía lactancia materna exclusiva). Muy emocionada porque mis tetas por fin tendrán un respiro! (en algún momento), estoy implementando el plan BLW (Baby led weaning) lo que significa en pocas palabras que el bebé se alimente solo, sin papillas, ni purés, ni cucharas. Se debe sentar al pequeño en su silla y poner la comida en frente, es muy divertido, coge todo con las manos, lo estripa, lleva la comida primero a una ceja, pasa por la nariz y finalmente llega a la boca, por donde entra y sale alimento. También juega al teléfono (por supuesto sin saberlo) con un esparragófono, un pollófono y hasta un brocilófono. Todo eso qué quiere decir además de la diversión, que hay un trabajo de lavado extra después de cada comida: Las manos, la boca, la nariz, las orejas, el pelo… además de la mesa, la silla y el piso.

Por otro lado están, el pipí, el popó, el vómito y los llantos irreconciliables sin ninguna razón aparente, y es que aunque no parezca, nosotras si tenemos un jefe, un humano en miniatura, un pequeño tirano que no habla nuestro idioma y que depende de nosotras en un 100% para sobrevivir y aprender a entender este mundo.

Y con todo lo anterior en el día no queda tiempo para casi nada mas, tal vez durante las cortas siestas en donde debes decidir si haces pipí, llamas a tu amiga, te sientas a mirar por la ventana, terminas ese proyecto manual que empezaste hace meses o te quedas sentada en el sillón viendo las fotos de tu hija del día, orgullosa de tu pequeña maravilla.

Y todo eso no me hace arrepentirme de la decisión que tomé de quedarme en casa, solo que cuando hablan de mi trabajo y lo envidian, preferiría que me dijeran: “Me encantaría tener tu trabajo. ves a tus hijos todo el día, los acompañas a crecer, les enseñas cosas nuevas, eres su lugar seguro, conoces cada centímetro de su cuerpo, cada uno de sus sonidos, sus tiempos, sus gustos…”

Porque es por eso que tomé esta decisión, por lo que vale cada segundo de esas rutinas agotadoras, porque estás presente y puedes hacerte cargo de cada momento de esa etapa tan importante de sus vidas.

Así que no le agradezco a la vida por poder estar en pijama todo el día, si no por tener la oportunidad de tener este trabajo y las agallas para realizarlo.

P.D: Este texto no fue escrito desde la comodidad de mi escritorio, si no en la mesa de la cocina, entre las verduras picadas y la olla con el pollo hirviendo, porque ya faltan pocos minutos para que mi pequeña se despierte y el almuerzo debe estar listo. (lo transcribí mientas mi querido marido se hacía cargo del animalito <3)

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